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Inteligencia artificial, esquina educación



Daniel José Feijó

Director de Ingeniería en Informática

Facultad de Ingeniería y Ciencias Exactas Fundación UADE




En la encrucijada de la tecnología y la educación, se está gestando una revolución que moldeará el futuro de nuestras generaciones más jóvenes. La inteligencia artificial, un término que alguna vez pareció pertenecer exclusivamente a la ciencia ficción, se ha establecido como una fuerza transformadora de la forma en que aprendemos. Los niños y jóvenes que actualmente se encuentras cursando en nuestras instituciones educativas, conforman la primera generación que están siendo educados permanentemente con internet. Tienen acceso constante a dispositivos móviles, que desempeñan un papel central en sus relaciones interpersonales. Su comprensión del mundo se forma mayormente a través de internet, lo que influye en su percepción de la realidad y la verdad.


Interactúan con la IA en diversas formas, desde juguetes hasta asistentes virtuales y videojuegos, y se ven influenciados por algoritmos de recomendación en la elección de contenido y conexiones sociales. Además, las decisiones automatizadas de la IA afectan indirectamente aspectos importantes de la vida infantil tales como: subsidios, atención médica, educación y vivienda de sus familias.


En este contexto, algunas instituciones educativas se centran en aprovechar la tecnología y explorar el potencial de la inteligencia artificial en el aula. Buscan democratizar el conocimiento y cultivar habilidades y conciencias más avanzadas que las previas en la historia de la humanidad.



En una reciente entrevista realizada al conocido empresario y filántropo Bill Gates, ha legado a señalar que “la IA será un tutor tan bueno como cualquier ser humano”.


Sin embargo, no son pocos, quienes advierten sobre las consecuencias éticas y los peligros del uso indiscriminado de la IA en la educación. La reconocida ONG UNICEF, en su informe “Orientación de políticas sobre el uso de la inteligencia artificial en favor de la infancia” publicado en noviembre 2021, argumenta que los fundamentos para el uso de la IA con jóvenes y niños se deben encontrar en sus derechos. Las iniciativas deben ser vistas a través del prisma de la protección, la prestación y la participación.


Así entendida la Inteligencia artificial debe:

• Favorecer el desarrollo y el bienestar de los niños.

• Garantizar la inclusión de y para los niños.

• Priorizar la imparcialidad y la no discriminación con respecto a los niños.

• Proteger los datos y la privacidad de los niños.

• Garantizar la seguridad de los niños

• Proporcionar transparencia, explicabilidad y rendición de cuentas con respecto a los niños.

• Empoderar a los gobiernos y las empresas con conocimientos sobre la IA y los derechos del niño.

• Preparar a los niños para el presente y el futuro de la inteligencia artificial.


Estos postulados son, sin duda, bien intencionados pero lejanos a la realidad de los jóvenes y niños. Pecan de cierta ingenuosidad en la vida real.


Otro reporte internacional, en este caso de la UNESCO advierte sobre los desafíos de la IA en la educación, aportando una mirada contrapuesta que nos permita desarrollar nuestro propio pensamiento crítico. Menciona los siguientes desafíos:

• Presencia de Sesgos en la IA, incluyendo sesgos en los datos de entrenamiento, en la programación de los algoritmos y en los usuarios.

• Ética y privacidad descubriendo riesgos de suplantación de identidad, Desinformación y propaganda, Acoso y ciberbullying, Manipulación de evaluaciones, violación de la privacidad de jóvenes y niños.


Esta tensión entre derechos y desafíos se desarrolla en la sociedad, en la vida cotidiana y llega al ámbito de la educación. Entra al aula, con los propios celulares. afectando a las instituciones educativas y sus docentes. Y en especial, a las familias que conforman la primera institución socializadora.


En un mundo cada vez más influenciado por la inteligencia artificial, la responsabilidad conjunta de instituciones educativas y familias es crucial para proteger a los niños.

Las escuelas deben enseñar a los jóvenes a usar la IA de forma ética y segura, mientras también brindan formación tecnológica a las familias. Actividades extracurriculares como talleres y cursos pueden ser adaptadas creativamente con este propósito.


Al mismo tiempo, las familias tienen la tarea de cultivar un diálogo abierto y orientación constante, fomentando la conciencia y el discernimiento en el uso de la tecnología.


Juntas, estas dos fuerzas pueden proporcionar un entorno que permita a los jóvenes y niños aprovechar los beneficios de la inteligencia artificial sin comprometer su bienestar ni valores fundamentales.

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